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México alcanza 56.726 cargadores para autos eléctricos en 2025

México alcanza 56.726 cargadores para autos eléctricos en 2025

La red privada domina con 52.000 cargadores, mientras la carga rápida crece 86% y reduce el temor a quedarse sin batería.
En la última década, la movilidad eléctrica dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una pieza estratégica de la transición energética global. Desde China hasta Noruega, pasando por Estados Unidos y Alemania, los vehículos impulsados por baterías comenzaron a ganar terreno no sólo por razones ambientales, sino también por competitividad industrial, innovación tecnológica y seguridad energética. Lo que inició como un nicho asociado a consumidores tempranos hoy se integra en planes nacionales de infraestructura, estrategias de descarbonización urbana y políticas fiscales que buscan rediseñar la forma en que se produce y consume energía.

En ese contexto internacional, México empieza a consolidar su propia curva de aprendizaje. Al cierre de 2025, el país alcanzó 56.726 posiciones de carga para vehículos eléctricos, lo que significó un crecimiento anual de 25.9%, de acuerdo con el Barómetro de la Electromovilidad Asociación (EMA). La cifra no sólo refleja más electrolineras en el mapa, sino una transformación silenciosa en hogares, agencias automotrices y complejos corporativos que han decidido incorporar infraestructura de recarga como parte de su oferta de valor.

El dato más revelador no está únicamente en el volumen total, sino en su composición. Más de 52.000 conexiones corresponden a la red privada, cargadores residenciales, corporativos y en distribuidoras, mientras que la red pública suma poco más de cuatro mil puntos. Aunque esta última creció 22% frente al año anterior, el verdadero dinamismo se observó en la carga rápida, que aumentó cerca de 86%. En la práctica, esto implica que cada vez más conductores pueden recuperar autonomía en menos de 20 minutos, reduciendo una de las principales barreras psicológicas asociadas al cambio tecnológico: el temor a quedarse sin batería.

La predominancia de la infraestructura doméstica no es casual. En países con mayor penetración de autos eléctricos, hasta el 80% de las sesiones de carga ocurre en vivienda. En México, casi 42,000 posiciones corresponden a instalaciones residenciales. Esto convierte al propietario de un vehículo eléctrico en un nuevo tipo de usuario energético, uno que programa su consumo durante la noche, aprovecha tarifas horarias y traslada parte del gasto que antes destinaba a gasolina hacia su recibo de luz. La experiencia se asemeja, como describen desde la EMA, a “cargar el auto como se carga un celular, mientras se duerme”.

Sin embargo, esta transformación doméstica también abre interrogantes estructurales. La incorporación masiva de vehículos eléctricos introduce patrones de demanda distintos a los tradicionales. Eugenio Grandio, presidente de la EMA, advierte que la conversación ya no es sólo cuántos vehículos eléctricos hay, sino cómo se integra su consumo a la red eléctrica de manera óptima y qué inversiones en infraestructura y regulación se requieren. La gestión de picos de demanda, la interconexión ágil de nuevos puntos de carga y la integración con energías renovables se vuelven variables centrales para evitar tensiones en el sistema.

En paralelo al despliegue de infraestructura, las ventas muestran una aceleración sostenida. Durante 2025, las empresas afiliadas a la EMA colocaron 96.636 vehículos eléctricos, híbridos enchufables y de rango extendido, lo que representó un crecimiento anual de 38.5%. Si se consideran otras marcas fuera de la asociación, el volumen se acerca a las 115.000 unidades, una cifra impensable hace apenas tres años.

El desglose revela matices interesantes: los vehículos totalmente eléctricos (VE) sumaron más de 43.000 unidades; los híbridos enchufables (PHEV) superaron las 52.000; y los modelos de rango extendido (REEV) mantuvieron una presencia aún marginal. Este equilibrio muestra que el mercado mexicano avanza por etapas. Muchos consumidores optan por tecnologías intermedias que combinan motor eléctrico y respaldo de combustión, reduciendo la ansiedad por autonomía mientras se familiarizan con la carga domiciliaria.

La trayectoria reciente confirma esa curva ascendente. En 2023, el acumulado era de poco menos de 38.000 unidades; en 2024 ascendió a casi 70.000; y en 2025 rozó las 100.000. La cuota de mercado de estas tecnologías supera ya el 6% del total de ventas de autos nuevos. Diana Avalos, directora de la Asociación Mexicana de Impulso al Vehículo Eléctrico (AMIVE), describe el fenómeno como “exponencial”, impulsado por la reducción en los costos de baterías y el ahorro operativo frente a los vehículos de combustión.

El impacto trasciende al sector automotriz. Cada nuevo vehículo eléctrico implica mayor consumo eléctrico, nuevos contratos de suministro y, en algunos casos, ampliaciones de capacidad en instalaciones residenciales. También representa oportunidades para estaciones de servicio tradicionales que buscan diversificar su modelo de negocio incorporando cargadores rápidos. La vieja metáfora del “huevo y la gallina” -sin autos no hay infraestructura, sin infraestructura no hay autos- comienza a diluirse conforme ambos frentes avanzan de manera simultánea.

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7th marzo 2026
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