Wednesday 19 de June del 2024

Ciclismo chilango, un auténtico infierno

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Con autos, peatones y hasta ciclistas con espíritu de “cafre” la ciudad de México enfrenta un riesgoso reto de movilidad

Automóviles obstruyendo vialidades exclusivas, falta de señalamientos y otros más medio borrados, baches y topes sin pintar: el ciclismo en el Distrito Federal puede ser un auténtico infierno. Sin embargo, a decir de usuarios y especialistas, las recientes tragedias presentadas dentro de esta comunidad, así como los problemas que viven a diario, no solamente recaen sobre la falta de infraestructura, sino que es un problema de cultura vial con múltiples aristas, en una urbe donde según el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP, por sus siglas en inglés), se realizan aproximadamente un millón de viajes al día.

Muertos que no cuentan

La muerte de Monserrat Paredes sobre Paseo de la Reforma, ocurrida el pasado 17 de noviembre, desencadenó una serie de incidentes viales donde se vieron involucrados ciclistas y a la vez lanzó a la palestra nuevamente el debate sobre si la capital de la República es segura o no para este medio de transporte.

Hasta el 30 de noviembre, como Letra Roja pudo verificar, estaban documentados en los diarios de la Ciudad de México, un total de 20 accidentes en las vías públicas, donde siete ciclistas resultaron heridos y 15 más perdieron la vida. Sin embargo, es de resaltar que siete de esos percances ocurrieron en noviembre, contabilizados a partir del deceso de Jessica.

“Habría que revisar los incidentes de peatones y automovilistas y compararlos con los de ciclistas, creo que existe un boom en la comunicación amarillista y hasta de mercadotecnia, en cuanto al manejo de los accidentes de ciclistas”, afirma en entrevista Merak Liceaga, director de operaciones de Pedaliers, una sociedad civil, dedicada a la generación de ciclismo urbano responsable y consciente, por medio de cursos para hacer buen uso de la bicicleta.

A decir de él, es desafortunado cuando un ciclista fallecido no es usuario del sistema Ecobici, “a lo mejor dos o tres personas le dedican unas palabras, algunas contactamos a los familiares para ofrecer apoyo o ya mínimamente colgarle la bici blanca”, pero en un caso contrario, brincan las distintas organizaciones que como indica, “se quieren colgar del gobierno para hacer una campaña”, situación que no duda en calificar como un secuestro político.

Además de la poca atención sobre los usuarios de bicicletas ajenos al programa capitalino, la falta de denuncias hace que, como en el total de accidentes viales, la cifra negra sea incalculable. No obstante, es evidente la falta de conocimiento que las autoridades poseen en el tema. Por decir algo, dos días después del fallecimiento de Monserrat, el subprocurador de Averiguaciones Previas Desconcentradas del DF, Óscar Montes de Oca informó a los medios que hasta entonces iban nueve decesos en 2015, sin embargo, el registro hemerográfico de Letra Roja da cuenta de 14, sin contar tres atropellados en ese mismo lapso.

En ese sentido, resalta que mientras en noviembre pasado se documentaron ocho incidentes de ciclistas, en los primeros 10 meses del año únicamente se contabilizaron 13, es decir, durante el mes recién finalizado se presentó un incremento del 61.53 por ciento, respecto a las cifras que lo antecedieron.

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Esta explosión en el número de percances ciclistas, es vista por Merak como dos problemas: uno es el lucro que realizan algunas organizaciones, pero el otro sin duda representa un retroceso. “No se puede generar cultura vial con el mensaje de que si sales en la calle en bici te van a atropellar”, advertencia que no deja de parecerle curiosa, pues menciona que lo que verdaderamente tira a más ciclistas en el mundo no son automovilistas o microbuseros, sino agujetas desamarradas.

La ciudad que nos tocó

Con más de cinco años de ciclista urbano, ya no sólo de ciclovias, y estudioso del tema, Ricardo Martínez, acepta que rodar por las calles defeñas es peligroso, pero también es claro en que la cultura del miedo impide la formación de un círculo virtuoso. “Entre mayor número de ciclistas los autos reducen su velocidad y eso motiva a las personas a salir a las calles”, platica a Letra Roja mientras recuerda haberse percatado del riego implícito hasta después de rodar por primera vez.

“La ciudad no está preparada para tantos automóviles, puede que se construyan más vías pero traerán más coches, entonces no se soluciona la transportación”, reflexiona sobre la infraestructura capitalina y refiere que mientras el 70 por ciento de los ciudadanos utilizan transporte público y 30 automóviles, el espacio se distribuye a la inversa, más asfalto para automovilistas y poco para los demás.

Cuestionado sobre los puntos de riesgo para el ciclista, Liceaga tiene claro que son exactamente los mismos que para cualquier otra actividad cotidiana en la ciudad, “entonces falta una convivencia real, vernos reflejados en el ser humano del frente”, comenta y luego expone que un primer gran paso para una interacción sana, es la aplicación de un examen técnico no sólo de automóviles, sino también de bicicletas, ya instaurado en otros países.

En el caso de México, donde el mismo ITDP ha señalado que los ciclistas rondan la cifra de los 500 mil, el representante de Pedaliers, aboga más por un usuario mejor preparado que pueda usar la bici por arriba del 25 por ciento de sus capacidades, con el fin de que tenga mejores opciones de rodar y no haga el manejo peligroso para los demás. “Si ves tu bicicleta como un vehículo recreativo, tal vez te hagan falta ciertas habilidades para verlos como uno urbano”, sentencia Liceaga.

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Cultura vial, la clave

Datos de investigadores ingleses, incluidos en el informe Choques de Ciclistas en las carreteras británicas: Estableciendo las causas (Collisions Involving Cyclists on Britain’s Roads: Establishing the Causes), indican que el 60 por ciento de los choques entre ciclistas y otros conductores se debe a que simplemente no se vieron. A Ricardo esa información quizá ya no lo sorprende.

Ya sea montado en los equipos de Ecobici o el propio, Ricardo ha visto de todo durante sus años en las calles chilangas: Coches que avientan su carrocería a los ciclistas, automovilistas que abren sus puertas de manera inoportuna, peatones que se sienten intocables y hasta un señor de la tercera edad perdió la vida a causa de un ciclista, en el cruce de Reforma y Amberes. Pero a pesar de las postales poco plausibles, no quita el dedo del renglón: falta de cultura vial de todas partes.

“No tenemos una cultura de respeto a la autoridad y menos hacia los demás. A pesar de que existe un muy buen reglamento vial, no se aplica, pero el ciclista o el peatón tampoco exigen”, comenta el ciclista quien se muestra un preocupado por accidentes que se pueden evitar con sólo voltear a ver a la persona de un lado.

“Hay que entender conceptos básicos como que Periférico es una vía rápida y Paseo de la Reforma es una vida primaria donde los autos tienen la obligación de detenerse en pasos peatonales si no hay semáforo”, arguye Martínez sobre nociones elementales para una ciudad, a la que el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), recomendó Implementar políticas públicas para fomentar distintos tipos de movilidad, siempre con prioridad al ciclista y peatón.

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Terminará por establecerse

La sustentabilidad de las bicicletas como medio de transporte no está en duda, así como su apoyo a la reducción de gases contaminantes. Lo que se pone entredicho, es la capacidad de las autoridades por guiar un transporte cuyo flujo rebasó por completo la infraestructura urbana, en una ciudad donde hasta 2012, se registraron más de 4 millones 600 mil vehículos de motor en circulación, por 100 mil usuarios que contabiliza el programa Ecobici de lunes a domingo.

“El ciclismo urbano en la ciudad se va a acabar estableciendo, ahorita está creciendo muchísimo, entonces es un hecho que se va a desarrollar, esperemos que lo haga con las menos bajas posibles”, finaliza positivo Merak Liceaga, arropado por su más de 20 años frente al manubrio, pero también consciente de la mortandad presente.

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